Hija del camino es una novela de Lucía-Asué Mbomio, que, tras varias presentaciones por Madrid o Valencia, tocaba pasar por Barcelona donde pudimos asistir a un precioso evento

Hija del camino, cuando se me cruzó en su día en redes al ser seguidor de Lucía, me pareció interesante e importante para entender situaciones en las que creía que no me he encontrado nunca, un buen ejercicio para trabajar la empatía y conocer otras realidades. Pero mientras más he sabido sobre Hija del camino y tras todo lo escuchado el pasado lunes en la llibreria Tomiris de la calle Padilla, me he podido dar cuenta de los muchos puntos en común que tiene con Ozaru, en busca de la libertad y la semejanza que hay entre esos sentimientos contados por Lucía o cualquiera de los oradores y muchas situaciones vividas por mí.

Si tuviera que definir en una sola palabra a Lucia, sería generosidad. Si hay una cosa que caracteriza su cuenta de Instagram es la pedagogía en sus historias, aspecto que se agradece en una red social dominada por morritos y musculitos. Es por ese motivo por lo que cuando me enteré del proyecto de Hija del camino, no dudé en tirarme de cabeza a la preventa. Si con sus historias de Instagram he aprendido tanto sobre mujeres racializadas, sobre anuncios racistas, sobre mujeres de las que nunca escuché en el colegio, sobre historia de España que se esconde en según qué libros, la problemática del blackface y hasta del mundo croquetil, ¿cómo no iba a comprar Hija del camino?  

La presentación era a las 19h y Lucía nos pidió que fuéramos antes si queríamos que nos firmara, ya que al acabar tendría que salir escopeteada hacia el AVE. Llegué algo antes de esas 19h, pero ella ya estaba dentro rodeada de gente, por lo que decidí hacerme un cigarro y entrar. Suerte que entré y pude quedarme de pie en un lateral de la sala donde se iba a hacer la presentación.

A la que dieron las siete de la tarde, no paró de llegar gente y cada vez la sala se quedaba más pequeña, fue entonces cuando empezaron a salir oradores. Obviamente no voy a contaros cada caso, pero cada uno explicó sus motivos por los que se consideraban hijos o hijas del camino, como se fueron dando cuenta de ello o como se han sentido reflejados en muchos de los pasajes que se cuentan en el libro.

Luego llegó el turno de la protagonista y entró Lucía, que se llevó una sonora ovación, desde los que tenía en primera fila hasta los que se encontraban al final del pasillo sin casi poder verla. Como siempre muy risueña, explicándonos como fue el proceso, poniendo ejemplos para entender el concepto de ser Hija del camino y alguna que otra anécdota.

Durante la charla, me fui apuntando algunos aspectos que consideré destacables y que considero que tienen muchas similitudes con Ozaru, en busca de la libertad . En la novela se van dando saltos en el tiempo del protagonista, igual que en Ozaru, donde se van dando saltos hacia atrás para entender muchas cosas. Para ella, Guinea era su Ítaca, aquel lugar donde consideramos que tiene que ser nuestro destino, pero como también ocurre en Ozaru, no tiene porqué ser siempre igual que lo tenía en mente o como lo tenía planteado.

Además, en ambos casos puede parecer una auto-biografía pese a no serlo, pero creo que eso pasa en el momento que se intenta explicar una realidad cercana, que te representa a ti y a muchas personas más que tienen ese mismo sentimiento. En mi caso es debido a que quería hablar de aquello que conozco, por eso, partiendo de una base real, quería añadirle un montón de vivencias, mías o no, que puedan ayudar a sumergirte en la historia y darle verosimilitud.

Para acabar, me gustaría hacer una reflexión sobre los referentes, ya que ella habla de ello y yo también he hablado, pero desde otro punto de vista. Ella habla de la dificultad de tener referentes, donde en un mundo explicado por los blancos, todos los referentes comparten la misma palidez de piel. De hecho, si a eso le sumas su condición de mujer, los referentes quedan reducidos casi a la nada.

Yo, sin embargo, sí que tuve esos referentes claros, siendo blanco y hombre es mucho más difícil encontrarlos. De hecho, hasta podía ser una motivación para trabajar, estudiar y formarme con el fin de poder llegar a ser algún día como ellos. Pero pasa el tiempo y esos referentes se van cayendo. Te das cuenta de que esa meritocracia que se te vendía cuando eras pequeño, era mentira. Que esas personas que vestían con trajes y estaban cargados de responsabilidades, son los más incapaces y los menos responsables, pensando solo en salvar su culo y echar mierda al de al lado. Es entonces cuando empiezas a entender que no es oro todo lo que reluce, que muchas veces ese brillo es lo poco que se tiene y que detrás de ese brillo solo queda la nada.

Esta reflexión sobre referentes y la relación de Ozaru, en busca de la libertad con el libro de Lucía, Hija del camino, me vino mientras conducía de vuelta a casa y por ello decidí dedicarle un post de cara a esta semana. Un post dedicado a todas las personas hijas del camino, a la preciosa presentación del libro, sus oradores y la gran Lucía-Asué Mbomio, a la que os invito a seguir y no perderle la pista. Sin duda, alguien que tiene mucho que ofrecer y que siempre está dispuesta a ello. ¡Gracias Lucía!

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