El desconfinamiento, una etapa que llevábamos esperando desde hace mucho tiempo pero que en los tiempos que corren, solo ha traído otro gran debate sobre egoísmos

El desconfinamiento, la desescalada o como lo queráis llamar, es el concepto que ahora está en boca de todos. Tras un mes y medio de confinamiento, toca ir dando pasos hacia ir recuperando nuestra vida poco a poco. Pero en estas épocas de pandemia, cualquier cosa es carne de debate y todo el mundo quiere dejar clara su postura, por lo que el desconfinamiento no podía ser menos.

En España, el pasado domingo 26 de abril, tras un mes y medio de confinamiento, se dejó salir a los niños, pero como todo, con una serie de indicaciones informadas por parte de las autoridades, tal y como podemos ver en el siguiente gráfico.

La imagen de 20 Minutos creo que lo deja claro: puede salir solo un adulto, con hasta tres hijos, guardando la distancia de seguridad, con tus juguetes o carritos, pero sin poder acceder a los parques comunes, no toda la unidad familiar, ni los niños con síntomas. Ah y de 9h a 21h, solo una hora y no más lejos de un kilómetro del domicilio. Pero claro, no todo fue tan fácil como podría parecer.

Desde el inicio de la pandemia y con el recorte de libertades que nos ha traído el confinamiento, vengo observando una cierta tendencia de la sociedad muy peligrosa y que yo titulo con la frase: ¿Qué hay de lo mío?

No se piensa en el global, en intentar encontrar el equilibrio perfecto entre rebajar el impacto de la pandemia y que la economía no se pare tanto y acabe siendo peor el remedio de la enfermedad, cada uno piensa en su situación personal. Es triste, porqué, aunque es una tendencia algo entendible por el tipo de sociedad individualista y egoísta que se está creando, la parte humanista de mi pensaba que en situaciones como la actual, cada uno miraría más por el conjunto y se haría más piña.

Pero claro, si hacemos una pirámide de la responsabilidad sobre la teoría expuesta del: ¿Qué hay de lo mío?, en la parte más alta está la clase política. Obviamente que hay niveles, pero todos, y cuando digo todos me refiero a todos los políticos a nivel mundial, han sido los primeros en poner en práctica el: ¿Qué hay de lo mío?

Países del norte, queriendo utilizar países del sur como ratones de laboratorio. En Europa, países del centro de Europa mirando hacia otro lado cuando países como Italia o España, que han sido los que más han sufrido los efectos de la pandemia, piden ayudas para poder paliar la futura recesión, pero que aceptaban el rescate a la banca de hace unos años sin rechistar.  En España, un gobierno aprovechando la pandemia para hacer más fuerte el centralismo estatal, para dejar claro quien manda y una oposición que se dedica, básicamente, a decir todo lo contrario de lo que dice el gobierno hasta llegar a contradecirse y hacer política con las víctimas. Un nivelazo vaya.

Y claro, si los responsables políticos demuestran este nivel, el rebaño que replica todos esos mensajes en una u otra dirección, hace lo mismo. Además, volvemos a la raíz del problema, esto no va de lo que nos pasa a título individual, en como afecta a cada uno y según sus condiciones. En mi entorno y en redes he visto una lectura muy egoísta de la situación, escuchando o leyendo opiniones del estilo: Me han quitado las vacaciones, me han dejado sin deporte o yo estoy en casa para que luego este salga a no sé qué.

Todos sentimos que se nos ha recortado nuestras libertades, que nuestro estilo de vida se ha quedado encerrado entre las cuatro paredes de nuestra vivienda y por ello muchos aprovechan las actitudes egocéntricas de otro, para sentirse con fuerza y motivos para hacer lo que le dé la gana: gente que sale a comprar tres veces para poder salir, gente trasladándose a segundas residencias donde las urgencias no están dimensionadas para ello, familias donde salen los dos adultos por llevar mucho tiempo encerrados o gente que como le queda cerca la montaña salen cada mañana a correr o caminar.

Una cosa está clara, el desconfinamiento no trae librito de instrucciones y no hay un riesgo cero. Lo mejor sería encerrarnos hasta reducir a cero los infectados, que no hubiera una crisis y todo siguiera igual que hasta ahora, pero eso no va a pasar y eso es imposible. Se deben tomar medidas basadas en expertos, donde la población no deberíamos salir a cuestionar cada una de ellas, igual que no tenemos que ser policías de balcón, ya que ni sabemos nada de cada singularidad, ni es nuestro papel. Por esta tendencia podemos ver como se silencian o se mofan de expertos en epidemias, mientras escuchamos a un tertuliano tras otro, vomitar opiniones condicionadas por sus propios intereses.

Para ir acabando y para que sirva de cierre de este post sobre el desconfinamiento, os pongo mi caso como ejemplo de lo que sí que considero lógico y empático. Llevo desde el 13 de marzo confinado en casa, mi empresa suministra agua y por lo tanto mi actividad no se ha visto interrumpida, simplemente trabajo desde mi casa. Es mi novia que sale a comprar una vez por semana, le va bien para despejarse, yo me limito a limpiar el piso cuando se queda vacío y solo he bajado un par de veces a tirar la basura.

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Llevo practicando deporte de manera semanal desde pequeño, antes jugando a fútbol y este año yendo en bicicleta a trabajar y con las típicas salidas de fin de semana. Cada día, después de mi jornada laboral, salgo a la terraza a hacer ejercicios varios, excepto cuando llueve y me tengo que quedar en la habitación. He tenido un grano infectado y he aprovechado la medicación que tenía de otro episodio parecido para no molestar en urgencias.

No por ello increpo al que veo pasear, ni cuestiono los paseos a perros de mis vecinos o considero que los niños se deberían quedar en casa. Tampoco pido que cuando se pueda salir a hacer deporte solo salgamos los que realmente lo hacíamos de manera rutinaria, simplemente intentaré salir lo antes posible para no encontrarme a nadie.

Y con esto no quiero decir que se tenga que hacer como yo digo o que sea un ciudadano ejemplar. Simplemente quiero poner en cuestión que todos tenemos nuestras singularidades y por ello, igual que no veo bien el hecho de manipular imágenes para denunciar que salgan los niños, tampoco creo que toque que alguien me espíe con un cronómetro si el desconfinamiento me permite salir a hacer deporte una hora a un kilómetro de casa. Lo dicho, el desconfinamiento no va de ti ni de mí, va de nosotros, así que menos señalar y dar lecciones, y mucha más empatía y responsabilidad individual.

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